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Andalucía, la tierra de las oportunidades perdidas

Categoría: Reflexiones

Escrito el día 31-marzo-2015 por Juan Toral

Como si de una mala digestión se tratara, han tenido que pasar nueve días para encontrar las palabras y no vomitarlas en forma de entrada. El pasado 22 de Marzo, las urnas hablaron y como es típico en estas tierras del Sur, los resultados se gritaron en forma de saeta o canción flamenca a los cuatro vientos demostrando la voluntad del pueblo andaluz que daba la autoridad a Susana Díaz para recoger el testigo legal dejado por los imputados (perdón, investigados) Chaves y Griñán.

El cliente siempre tiene la razón…por lo que el 35,43% de los votantes no puede estar equivocado. Y es que aunque ganaron en proporción los que decidieron no votar (un 36,06% del censo), el PSOE andaluz de nuevo barría para su particular casa o coto privado que es Andalucía, y Susana, radiante y de blanco y verde como marcan los cánones de la autonomía salía a medianoche con esa sonrisa que supone la legitimidad del cargo, afianzar su poder y confirmar que el cambio que solicita a gritos Andalucía es el “virgencita mía que me quede como estoy”.

Y es que de nada ha parecido importar para los andaluces el largo etcétera de razones y justificaciones varias que hacen de Andalucía la comunidad de las oportunidades perdidas. Ni el lucrativo negocio del paro con la red que desviaba fondos europeos destinados a sufragar las políticas públicas de empleo en beneficio de una serie de empresas, mediadores y altos cargo de la Junta de Andalucía; ni la trama de los sindicatos donde ha ido a parar gran parte del dinero público en las dos últimas décadas a través de fondos pagados en concepto de concertación social sin cumplir los requisitos legales necesarios, estimándose 7,5 millones de euros los recibidos por UGT, quedándose un 15% del dinero de cursos y camuflando un sinfín de facturas para otros fines irregulares. Ni las empresas que despedían con fondos públicos que han elevado a los EREs como uno de los escándalos cuyo montante económico ha sido de los más elevados, a través de la cual relevantes cargos políticos ofrecían a empresas ERE fraudulentos con un fondo de reptiles que permitía a las sociedades afines a la Junta reducir costes laborales sin gastar ni un euro propio (que Hacienda somos todos). O el dinero “fácil” para los empresarios amigos como es el caso de Invercaria. O la conexión Bárcenas-Gürtel (que estamos en Semana Santa y que cada cual aguante su vela), donde se ha demostrado que en territorios donde gobierna el PP, como Almería, donde parece que Javier Arenas ha utilizado (supuestamente) dinero B de la contabilidad del PP-A donde el negocio urbanístico y el tráfico de influencias han sido unidireccional.

Pero lejos de sus políticos (imagen y semejanza representativa del pueblo al que gobiernan), Andalucía es su ciudadanía, y ésta ha decidido otorgarle otros 4 años de confianza a Susana Díaz. Inmunizados que parecemos de ver a diario escándalo tras escándalo que parece haberse convertido en la norma, el pueblo sumiso parece resignado a su mala suerte de ver como somos el culo de España: cifras de paro millonarios, recortes en Sanidad, listas interminables de espera que hacen del quirófano un desafío de supervivencia, profesorado maltratado, educación vilipendiada, jueces movidos a dedo…Pero nada de ello razones suficientes de peso como para pedir un cambio traducido en las urnas. ¿Por qué con qué cuerpo un sanitario o un profesor se pone en huelga para pedir unas condiciones laborales dignas, estabilidad y la consecuente repercusión en pacientes y alumnos si el pueblo vuelve a dar la confianza en quién le pisa el cuello? ¿Tiene sentido luchar por recuperar derechos cuando nosotros mismos nos autoimponemos la penitencia?

Pero la victoria del PSOE en Andalucía también tiene su lectura B (que no todo va a ser sobre financiaciones). Y es que Andalucía se gana desde dentro, desde las pedanías y pueblos. Y es que se puede gobernar siendo tan sólo la fuerza más votada en dos de las 8 provincias andaluzas (Huelva y Sevilla) pese a no imponerse en capitales como Almería, Córdoba, Granada, Jaén y Málaga donde se impuso el PP o en Cádiz, la tierra de la candidata de Podemos y especialmente maltrecha por el paro juvenil. Y es que es en el fango donde el PSOE lleva legislatura tras legislatura fortificando su status de eterna inmunidad, donde parece más fácil condicionar el voto a base de favores, promesas o amenazas como se ha destapado días después del 22M, con Irene Sabalete, candidata por Jaén que coaccionaba a un grupo de directores de la Junta relacionados con el Empleo a hacer campaña electoral a favor del PSOE, donde les “invita” a hacer una campaña de presión cara a cara, como si fueran testigos de Jehová o en otro caso, a no seguir trabajando con la Junta. Y es que cuando se toca el pan de tus hijos, las subvenciones de la cosecha o la promesa de un cargo que te haga llegar a fin de mes, es más fácil elegir la papeleta a depositar en las urnas. El miedo a lo desconocido o el precio de la ignorancia.

33 años después y de nuevo en la casilla de salida pero en un tablero marcado por atajos y corruptelas en la que hay pocos ganadores y muchos vencidos. 4 años más lejos de casa, y mientras, Andalucía fuerte de talento que emigra en busca de las oportunidades que aquí se niegan… ¡Andaluces levantaos!

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