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Batman y el origen de la Ecografía

Categoría: Curiosidades

Escrito el día 07-abril-2014 por Juan Toral

La Medicina del siglo XXI está tan asentada en la sociedad que cuesta retroceder la mirada hacia cotas históricas. Todo camino, por más largo que sea, comienza por un pequeño paso y a lo largo del desarrollo de esta Ciencia muchos han sido los valientes que se atrevieron a desobedecer a las leyes de su época en busca del avance del conocimiento y la eterna verdad absoluta que se relativiza ante los nuevos descubrimientos que seguirán produciéndose. Dentro de unos años dispondremos de tratamientos contra el cáncer cuyo mecanismo de actuación nos haga sonrojarnos por la agresividad del actual, dentro de unos años quizás también dispondremos de avances en el mundo del Alzheimer, del paciente crónico y de ciertas enfermedades sobre en las que en la actualidad reina una nube negra.

El conocimiento va evolucionando y con él surgen nuevas técnicas que nos hacen afinar en diagnósticos. Sin duda, la Ecografía fue en su día uno de esos logros que cambiaron el mundo, al conseguir la visión del interior humano a través de esa escala del blanco al negro que oscila entre lo anecoico y lo hiperecoico. ¿Pero quién forjó mentalmente la idea de esta posibilidad inexistente en su época? ¿Quién y cómo descubrió que a través de los ultrasonidos se podía conducir una energía capaz de penetrar las estructuras corporales en función de su frecuencia de onda?

El italiano Lázaro Spallanzani (1729-1799) fue uno de esos pioneros por los que debemos tanto, ya que su hipótesis y método científico fue clave. Spallanzani había observado que los murciélagos podían desplazarse en la oscuridad sin tropezar con ningún obstáculo, ¿pero como eran capaces de orientarse? Lázaro partió de su hipótesis de trabajo: “su visión es lo que les permite orientarse en la oscuridad”; los murciélagos tenían que disponer de un órgano visual que les hiciera apto de orientarse en esas condiciones. Por lo tanto, parecía claro que si a los quirópteros se les privaba de la visión debían perder la capacidad de poder orientarse en la oscuridad, por lo que chocarían contra los obstáculos al volar en la oscuridad. Para intentar demostrar su predicción, Spallanzani les puso en la cabeza capuchones opacos que les impedían maniobrar, y capuchones delgados y transparentes con el mismo resultado; finalmente, cegó a una serie de murciélagos y los hizo volar entre hilos colgados en su laboratorio con campanillas en el extremo que sonaban si un murciélago los tocaba, apreciando contrariado como éstos mantenían su capacidad de volar perfectamente, lo que echaba al traste su hipótesis inicial.

Por lo tanto, Lázaro pasó a otra nueva hipótesis de trabajo: “Los murciélagos se orientan en la oscuridad mediante la intervención del órgano auditivo”, por lo tanto, había que demostrar que al privarles de su audición, dejarían de orientarse en la oscuridad.  Spallanzani obstruyó con cera los conductos auditivos de los pequeños mamíferos dejándolos en libertad en un medio con obstáculos; en estas nuevas condiciones pudo comprobar como los murciélagos dejaron de orientarse bien y chocaban constantemente.

Por lo tanto se pudo confirmar que es la audición lo que hacía a estos animales orientarse mientras volaban.

En el mundo de la Ciencia, la resolución de una incógnita origina nuevas preguntas. ¿Cómo intervenían los oídos del murciélago en la detección de los obstáculos? ¿Emitían estos algún sonido que los oídos de estos animales podían registrar?

Lázaro Spallanzani se puso en contacto con figuras de la época como el zoólogo suizo Charles Jurine sin llegar a encontrar la respuesta definitiva a las nuevas preguntas, lo que hizo que el paleobiólogo francés Georges Cuvier desestimara esta teoría y ridiculizara la hipótesis de Spallanzani y Jurine, afirmando (sin pruebas) que la orientación de los murciélagos se debía al sentido del tacto.

En 1938, 143 años después de las críticas de Cuvier, Donald R. Griffin (científico de Harvard) utilizó micrófonos y sensores para demostrar que los murciélagos “ven” en la oscuridad emitiendo sonidos ultrasónicos (de más de 20 kHz) y escuchando el eco para conocer la forma y distancia de los objetos. Después de una serie de experimentos, consideró demostrado que la “ecolocalización” era la forma de ver de los murciélagos, una tecnología que por esos tiempos empezó a utilizarse en la forma de sonar y radar que terminó perfilando una técnica tan útil para la Medicina como es la Ecografía.

“La diferencia entre la estupidez y la genialidad es que ésta tiene sus límites”

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