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Categoría: Curiosidades

Escrito el día 24-mayo-2014 por Juan Toral

Si no fuera porque a lo largo de estos 5 años trabajando he tenido más de un caso igual, juraría que sería una simple casualidad; pero la reincidencia hace que tenga motivos más que suficientes para emitir el siguiente juicio: durante un partido importante de fútbol, la gente enferma menos, o acude menos a los Servicios de Urgencias, que en el sentido amplio de la experesión viene significando lo mismo.

Esta noche la España del pueblo se parará con el opio del fútbol. LLamenme simple, pero yo soy el primero, ya que me he levantado con un nudo en la garganta y un runrun en la boca del estómago anhelando que Casillas levante levante al cielo de Lisboa la Décima Copa de Europa.

Curiosamente, hace unos días leía sorprendido un artículo en el periódico El Mundo que hablaba sobre el tema de la asistencia a Urgencias cuando hay partido, y curiosamente a lo largo del artículo, Berta González de Vega, la firmante del mismo, me citaba en varias ocasiones, apoyándose en la siguiente imagen tomada momentos antes del pasado Real Madrid vs FC Barcelona de Liga que tuvo efecto viral en las redes sociales.

A continuación, enlazo y copio el artículo, que no tiene desperdicio

A LOS POLIFRECUENTADORES LES GUSTA EL FÚTBOL

Calles desiertas en una tarde de sábado, como se queda Madrid en agosto. El jeque Al-Thani había dado el día anterior su vuelta al ruedo en La Rosaleda, pero entonces, la vida siguió tal cual con aroma de viernes por la noche de mayo, a pesar del jeque con pinta de resacoso, llegado de aquellas tierras de Mil y una noches que son un cuento. Fue sólo el sábado con sol y moscas, por la tarde, cuando casi todo se paró porque, en los bares y en las casas de Málaga, frente a teles de plasma sin presidente del Gobierno, el Atleti de los eternos perdedores podría proclamarse campeón de la Liga española -¿son conscientes los hinchas culés que, de prosperar la independencia, jugarán la liga catalana?- en el Camp Nou.

Se notó hasta en las Urgencias del Carlos Haya. Es un fenómeno estudiado que ilustró hace unos meses en las redes sociales Juan Toral, médico que fue residente aquí y ahora está en Canarias, con una foto en la que no había nadie con urgencia para ser atendido.Urgencias vacías cuando se reza y grita por goles. A las siete de la tarde, apenas había nadie fumando en el exterior del Carlos Haya, hoy llamado no sé qué. Ya era una señal. Cada vez fuma menos gente y no ha habido campaña de concienciación más eficaz que la subida del precio, pero no era normal que hubiera tan pocos mitigando la espera con una calada. Iba a echarla un conductor de ambulancias. «Pasa siempre. Hasta las cinco y media, desde las nueve de la mañana, ha sido un no parar de ambulancias y ahora, mira, nada», explica señalando a esa puerta desértica, donde tampoco paran coches de los que se pueden bajar enfermos con historias de achaques o a los que se les ha escapado el cuchillo jamonero hacia un dedo mal colocado. «Que la gente se aburre mucho», aventura a modo de explicación. De ser así, parecería que la solución al colapso de las urgencias fuera grandes partidos de fútbol en los picos de la gripe. «Ya verás en el Mundial, a lo mejor el SAS aprovecha para quitar algún contrato más al 33%», ironiza Juan Toral, uno de los líderes de la revuelta de los residentes de hace un par de años, un ejemplo que no siguieron médicos más mayores cada vez peor pagados.

El conductor de ambulancia anuncia que todo cambiará a partir de las ocho y media, cuando hayan hecho ya las declaraciones trascendentales los jugadores de los dos equipos. ¿Se aburre la gente tan pronto? Otra posibilidad es imaginarse a un familiar realmente molesto que se queja al que le dicen en el salón «abuelo, no seas pesado, que tampoco será para tanto» y el pobre con un fuerte dolor en el pecho. Tendrá que esperar a que casi le den los infartos a los que gritan gol.

En la sala de familiares no hay apenas nadie. Una madre de unos 40 años con una niña de cuento que saca una botella de agua de la máquina. Debe de tratarse de una urgencia grave. También la de un corrillo en la puerta. Cuentan que, a esa hora, no hay colapso, todos los enfermos pasan directamente a observación o se van a su casa. No hay triaje, palabro que designa «el proceso que permite una gestión del riesgo clínico para poder manejar adecuadamente y con seguridad los flujos de pacientes cuando la demanda y las necesidades clínicas superan a los recursos», según diversos artículos. Si se está jugando la Liga en un partido, no hay flujos ni las necesidades clínicas superan los recursos. Y eso que el partido era de pago, aunque siempre quedan los bares. Qué lugares. Donde celebrar con copazos. Pero las resacas del fútbol se duermen en casa. Como toda la vida. O no. Hace un par de años, en feria, tuve que ir a Urgencias del Civil. Oftalmología. Sí había gente. Nos atendió un residente muy eficaz y amable. Le pregunté por una sala que había visto con camillas. «La llamamos la sala Cartojal. Como somos las urgencias más cercanas al centro,cuando la cogorza es enorme los niñatos se asustan y se vienen aquí. Se quedan ahí durmiendo. Antes eso se hacía en casa», nos explicó. Sala Cartojal. Ignoro si el caso está en estudio en la Escuela de Salud Pública de Granada, donde se forman los cuadros directivos del Servicio Andaluz de Salud.

Allí estudia Javier Padilla, un médico que se va a los datos sin los antifaces de la ideología o de la demagogia. No entiende cómo es posible que todos los años se colapsen las Urgencias con los picos de la gripe. Somos capaces de sacar pecho mundial con un programa de trasplantes y, a la vez, unas cuantas veces al año se acumulan en los pasillos de urgencias viejos con toses, maduros con fiebres, señoras con dolores de huesos y el ibuprofeno por las nubes.

No era el caso del sábado por la tarde. Hacia la puerta de Urgencias van andando tres chicas. Pueden ser enfermeras o residentes o médicos. No lo sé. En el ejército abnegado del SAS no distingo los galones o uniformes. Les pregunto si están tranquilas. «Claro, como cada vez que hay partido. Está más que estudiado. Los lunes también viene más gente», explica una de ellas. Otra añade: «Hoy no vienen los polifrecuentadores». Apunto la palabra. Sabía que en España éramos líderes en politoxicomanía, capaces de combinar porros, alcohol, pastillas y coca con la destreza del barman de Chicote. Pero no había oído lo de la polifrecuencia. Deben de ser los del chiste, claro. “Hoy no ha venido María, ¿no?”, pregunta uno sentado en Urgencias. «No, es que debe de estar mala», contesta otro. «Los conocemos a todos», explica una de las chicas. A los polifrecuentadores les gusta el fútbol, que es un opio que también, parece ser, puede ser medicina.

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