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El efecto espectador (the bystander effect)

Categoría: Curiosidades

Escrito el día 21-julio-2013 por Juan Toral

“El Efecto Espectador es un fenómeno psicológico que consiste en que los individuos que son testigos de una situación de emergencia que afecta a personas ajenas a ellas, como por ejemplo un accidente, se sienten menos motivadas a ayudar cuanto mayor sea el número de personas presentes capaces de prestar ayuda, ya que asumen que otros ya se ocuparán de ello. El fenómeno es peligroso porque puede llevar a la paradoja de que nadie de una muchedumbre ayude a la víctima de un accidente o de un crimen”

La capacidad de sorprender de la especie humana no tiene límites. Capaz de lo mejor, de las hazañas solidarias más increíbles, de la máxima entrega, del dar todo sin esperar nada a cambio…pero también capaz de pecar de una indolencia insultante e imputable.

No sabía que existiera un término psicológico que definiera lo que en esta entrada intento explicar, pero no he encontrado mejor forma que hacerlo que compartiendo el caso que hizo que este término del efecto espectador se acuñara, la trágica muerte de Kitty Genovese.

 

Catherine Susan Genovese, (7 de julio de 19351 – 13 de marzo de 19641964) conocida como Kitty Genovese fue una mujer de Nueva York apuñalada hasta la muerte cerca de su casa en Kew Gardens (Queens). Las circunstancias de su muerte y la aparente reacción (o más bien la falta de ella) de sus vecinos aparecieron en un artículo de prensa dos semanas después y provocaron la investigación psicológica del fenómeno que sería conocido como efecto espectador o «síndrome Genovese».

Nacida en Nueva York, Genovese era la mayor de cinco hijos de una familia de clase media italoamericana y creció en Brooklyn. Después de que su madre fuera testigo de un asesinato en la ciudad, la familia decidió trasladarse a Connecticut en 1954. Sin embargo Genovese, con 19 años en aquel momento, decidió quedarse en la ciudad en la que vivió durante nueve años. Kitty trabajaba como responsable de un bar en la Avenida Jamaica de Hollis (Queens). En el momento de su asesinato estaba viviendo en apartamento de Queens que compartía con su pareja, Mary Ann Zielonko.

Genovese estuvo conduciendo temprano en la mañana del 13 de marzo de 1964. Llegó a casa a las 3:15 de la mañana y aparcó a unos 30 metros de su apartamento, cuando Winston Moseley se le acercó. Moseley corrió hacia ella y rápidamente la apuñaló dos veces en la espalda. Los gritos de Genovese fueron oídos por varios vecinos, pero era una noche fría y con las ventanas cerradas pocos de ellos reconocieron el ruido como gritos de auxilio. Cuando uno de los vecinos gritó al atacante “¡Deje en paz a esa muchacha!”, Moseley huyó y Genovese retomó lentamente su camino al apartamento. Estaba seriamente dañada, pero fuera de vista de aquellos pocos que habrían tenido razones para pensar que necesitaba ayuda.

Las grabaciones de las primeras llamadas a la policía son confusas y ésta no les dio una alta prioridad. Uno de los testigos dijo que su padre había llamado a la policía y dijo que una mujer había sido golpeada, pero que ya se había levantado, aunque estaba tambaleándose.

Otros testigos observaron a Moseley subir a su coche e irse lejos, sólo para volver diez minutos más tarde. Moseley hizo una búsqueda sistemática por el aparcamiento, la estación de tren y complejo del apartamento hasta encontrar a Genovese, que estaba tumbada y apenas consciente en el suelo, en un vestíbulo en la parte posterior del edificio. Fuera de vista de cualquiera que hubiera podido haber visto u oído cualquier señal del primer ataque, Moseley siguió apuñalándola más veces. Las heridas de cuchillo en la mano de ella, sugieren que intentó defenderse de su atacante. Mientras ella moría, él la atacó sexualmente, le robó 49 dólares y la dejó tirada en el vestíbulo. Los ataques duraron aproximadamente media hora.

Algunos minutos después del ataque final, un testigo, Karl Ross, llamó a la policía. La policía y el personal médico llegaron poco minutos después de la llamada de Ross; Genovese fue llevada en una ambulancia y murió durante el camino al hospital. Una posterior investigación policial determinó que unos 12  individuos habían visto u oído partes del ataque, aunque no habían podido enterarse del incidente al completo.

Solamente un testigo (Joseph Fink) estaba enterado de que la apuñalaron en el primer ataque y sólo Karl Ross era consciente de esto durante el segundo ataque. Muchos desconocían totalmente que un asalto u homicidio estuviera ocurriendo; algunos pensaron que lo que estaban viendo u oyendo era una reyerta de borrachos o un grupo de amigos saliendo de un bar, cuando Moseley se aproximó a Genovese.

La historia de Genovese se convirtió en una parábola casi instantánea sobre la insensibilidad, o al menos apatía de los demás hacia alguien en apuros de los ciudadanos de Nueva York, los de las áreas urbanas o la humanidad en general. Gran parte del interés en el acontecimiento vino del artículo de investigación7 del New York Times escrito por Martin Gansberg y publicado el 27 de marzo, dos semanas después del asesinato. El artículo llevaba por titular “38 personas que vieron un asesinato y no llamaron a la policía”, la opinión pública acerca de la historia se cristalizó a partir de una cita del artículo de un vecino anónimo que vio parte del ataque pero decidió no llamar a la policía porque “no quería verme implicado”.

Otros informes, citados por Harlan Ellison en su libro Harlan Ellison’s Watching indicaron que un hombre encendió la radio para no oír los gritos de Genovese. Ellison dice que el informe que leyó atribuía el “no verme implicado” a prácticamente los 38 vecinos que supuestamente habían presenciado la escena.

No estoy criticando nuestras camaleónicas aptitudes. Somos animales, y como tales, quizás estemos sólo ante un caso de instinto de supervivencia. Olemos el miedo, atisbamos a depredadores e inconscientemente parecemos decidir la huida como escapatoria salvadora. Además existen casos opuestos, como el de Charles Ramsey (leer noticia) que hace unos meses se erigió en el enésimo héroe americano tras ayudar a liberar a Amanda Berry, desaparecida desde hacía una década y cuya fuga permitió a la policía descubrir a otras dos mujeres, también reportadas como desaparecidas, todo ello mientras se disponía a comerse una hamburguesa del McDonalds.

 Ilustremos visualmente el efecto espectador:

http://www.youtube.com/watch?v=OSsPfbup0ac&feature=player_embedded

El hombre que ves es un actor. Él está tumbado en el suelo pidiendo ayuda durante 20 minutos de todos los que pasaron junto a el , ninguno se detuvo.

Otra actriz ocupa su lugar y yace en las escaleras fingiendo estar muerta. En 4 minutos que transcurren , 34 personas la ignoran.

Esto se conoce como Difusión de la responsabilidad.

Cuando una persona finalmente se detiene para ayudar, todo el mundo se involucra.

En busca de los por qué: Psicología

Un equipo de psicólogos diseñó diversos experimentos para determinar las posibles causas de este comportamiento.

Una de las hipótesis que plantearon era que cuando había un gran número de gente siendo testigo de lo sucedido, la probabilidad de recibir ayuda disminuía. Consideraron que en estos casos, el hecho de no ayudar era un acto de conformidad. Es decir, para cada persona, el resto de los presentes definía la acción correcta, o si era o no apropiado intervenir.

Con frecuencia, la gente decide lo que debe hacer o cómo interpretar un suceso en función de lo que hacen los demás.

Para comprobar esto, los investigadores diseñaron un experimento en el que se pedía a unos estudiantes que respondieran a un cuestionario. La investigadora se iba a otra habitación separada por una cortina diciendo que volvería cuando terminaran de responder al cuestionario. Al poco rato, los estudiantes la escuchaban subir una escalera y luego el sonido de una caída, un grito y las quejas de la mujer diciendo: ¡Dios mío, mi pie, no puedo moverme! Cuando los estudiantes estaban solos en la habitación, el 70% se ofrecía a ayudar a la investigadora; en cambio, si los estudiantes estaban rellenando el cuestionario junto a un extraño, solo un 20% se ofrecía a ayudarla. Es decir, la presencia de otro observador inhibe la acción. Es lo que se ha llamado el efecto espectador. Ninguno de los dos actúa, porque espera a ver qué hace el otro. Esta inactividad del otro les lleva a concluir que probablemente el accidente no es serio y no hace falta que intervengas.

Es de esperar, por tanto, que en culturas donde hay una mayor presión hacia el conformismo, como es el caso de China, la inhibición de la acción en presencia de otros sea también mayor.

Sin embargo, existen muchos más factores que intervienen a la hora de determinar si una persona ayudará a no a alguien que necesita ayuda, como bien explica Ana Muñoz, guía de About.com:

–       Sentirse o no responsable: Cuando una persona sabe que un accidente está siendo observado por más gente, la responsabilidad individual sobre dicho accidente disminuye. Dado que otros están observando, tienden a pensar que alguno de ellos habrá intervenido o intervendrá y su responsabilidad para ayudar disminuye. En cambio, cuando un grupo de personas se encuentra en un mismo lugar y sabe que estará ahí durante un cierto periodo de tiempo (por ejemplo, en un vagón de tren) y donde se encuentra en situación de cara a cara con la víctima, tienen muchas más probabilidades de ayudar. Es decir, no puedes seguir caminando y alejarte sin más porque la misma situación te lo impide. Esto significa que no puedes huir rápidamente y eludir tu grado de responsabilidad.

–       El coste de ayudar: Aunque pueda parecer trivial, una persona puede pasar de largo ante alguien aparentemente herido simplemente porque llega tarde a una cita. Por tanto, las personas que no tienen prisa están más dispuestas a ayudar a los demás. Es decir, ayudar a otras personas tiene a veces un coste, como puede ser riesgo físico, pérdida de tiempo, esfuerzo, vergüenza o desaprobación social, etc. Quien considera que ayudar puede tener un coste elevado estará menos dispuesto a ofrecer su ayuda.

–       La percepción de la propia capacidad para hacer algo útil: Las personas se sienten más dispuestas a ayudar cuando consideran que tienen capacidad para hacer algo. Así, las personas con conocimientos de primeros auxilios ayudarán más a un herido, y un buen nadador tendrá más probabilidades de lanzarse al mar a por alguien que se está ahogando. Si piensa que puede hacer algo, su disposición a ayudar es mayor cuanto mayor sea el dolor de la víctima. En cambio, si piensa que no puede hacer nada, sucede al contrario, siendo su disposición a ayudar menor cuanto mayor sea el dolor o daño de la víctima.

–       Reducir el propio dolor: las personas pueden ayudar o dejar de ayudar a alguien como un modo de reducir su propio dolor emocional. Si ves a alguien sufrir te sientes mal. Para aliviar ese dolor solo puedes hacer dos cosas: una, ayudar a esa persona a aliviar su sufrimiento, en cuyo caso optas por ayudarle para sentirte mejor (es decir, sería un tipo de ayuda un tanto egoísta), y dos, salir huyendo siguiendo el refrán “ojos que no ven corazón que no siente”. Es decir, prefieres huir para no ver ni sentir el dolor que te produce el sufrimiento ajeno.

El Efecto Espectador también puede darse en Medicina…

Causas diversas, desde el exceso de trabajo que puede llevar al personal a atender a casos que parecen más urgentes, hasta una insuficiente coordinación, todo ello condimentado en países como España por los recortes en sanidad, ofrecen el caldo de cultivo idóneo para que se manifieste el Efecto Espectador en hospitales.

Sabías que…

– El cantante de folk Phill Ochs alude al caso Genovese en la canción Outside a Small Circle of Friends.

– En el cómic Watchmen el asesinato de Kitty Genovese es lo que impulsa a Roschach a convertirse en un vigilante.

– La escena de la película Halloween (1978) en la que el personaje de Laurie Strode (interpretado por Jamie Lee Curtis) pide ayuda mientras es perseguida por Michael Myers pero es ignorada por sus vecinos está basado en el caso de Genovese.

Harlan Ellison usó la muerte de Genovese y los informes de acerca de los supuestamente inactivos vecinos como base para su relato El gemido de los perros apaleados (The Whimper of Whipped Dogs), ganador de un Premio Edgar.

– El director de cine mexicano Fabrizio Prada realizó la película Escrito con Sangre (2010), basada en la novela El deseo de matar a una mujer de Carlos Manuel Cruz Meza, que retoma el caso de Genovese y las declaraciones de los testigos, así como la investigación periodística.

Ryan David Jahnse inspiró en el crimen de Kitty Genovese para escribir su novela Crimen en directo

 

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