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Otelo y Valentín: entre la frontera del amor y el odio

Categoría: Curiosidades

Escrito el día 14-febrero-2014 por Juan Toral

A ritmo de caja registradora, el 14 de Febrero se ha marcado en rojo pasión en el calendario de todas las personas enamoradas. Deseos, parejas o cicatrices del pasado que laten con el brío que hace el sentirse protagonista de un día comercial endulzado por las hormonas disparadas del querer.

Dicen que entre el amor y el odio hay un paso, y es que las distancias cortas son el eje de este curioso sentimiento incontrolable que nos hace pasar de las lágrimas a la sonrisa, en la mínima distancia que marca el roce de los labios o las caricias de la persona amada. Pero esas distancias cortas también marcan el camino de lo saludable y lo patológico, y hoy, 14 de Febrero es un buen día para recordar la orientación patológica de un amor “posesivo” que esclaviza en las cadenas invisibles de una relación. Y para ello, hablaremos de los celos, del amor malinterpretado y de Shakespeare, que encuentra en la actitud y pensamientos de Otelo hacia su inocente esposa Desdémona a la que termina asesinando, este curioso síndrome registrado en los manuales de la psico-psiquiatría.

 

Síndrome Otelo

La celopatía, delirio celotípico o síndrome de Otelo es un trastorno delirante caracterizado por una preocupación excesiva e irracional sobre la infidelidad de la pareja. El paciente (existe una inclinación para que sean hombres los que sufran esta enfermedad) está absolutamente convencido de que su pareja le es infiel sin que exista motivo real que lo justifique. En estos pacientes, el rival cobra especial relieve: quiere saber quién es, como le conoció, en qué le supera, poniendo constantemente de manifiesto esta morbosa curiosidad, y buscando en las respuestas de su pareja contradicciones que alimenten su convicción.

Aparece generalmente entre los cuarenta y los cincuenta años, sin antecedentes psiquiátricos de interés la mayoría de las veces, aunque si se analiza la historia previa pueden aparecer suspicacias, desconfianzas y celos que van aumentando durante años desde una relativa normalidad hasta el delirio. Es característico que en el síndrome de Otelo el enfermo esté realizando comprobaciones continuamente, con el objetivo de descubrir la infidelidad. Para ello se sirve de detalles sin importancia que considera pruebas definitivas. La comprobación es continua, como una obsesión, y el paciente no se cansa de buscar todo tipo de detalles que le “confirmen” la infidelidad, aunque estos sean insostenibles y no resistan un análisis lógico. En raros casos sí es una persona identificada, pero lo más frecuente es que sea como un fantasma al que no se le pone cara ni presencia. Esto es lo contrario de lo que ocurre en los celos normales, en los que saber quién es el rival y conocer detalles de su vida se convierte en una obsesión para el celoso. Otro aspecto curioso y paradójico en el síndrome de Otelo es que  suelen evitarse aquellas comprobaciones que supondrían sacar a la luz la infidelidad.

El delirio de celos domina la vida del enfermo, afectando a sus actividades laborales, sociales y personales, tendiendo al aislamiento. El humor se torna sombrío e irritable y las relaciones familiares, lógicamente, se deterioran considerablemente.

El delirante celotípico en general no quiere separarse. Al contrario, su deseo sexual suele estar aumentado. La pareja, como podemos imaginar, no solo no le corresponde sino que puede rechazarle por completo, lo que a su vez refuerza el convencimiento del celotípico en su delirio.

Es frecuente que exista una diferencia en los niveles sociales y culturales de la pareja. No es raro que el celoso tenga unas relaciones sociales más limitadas y una cualificación profesional inferior, lo que aumentaría la sensación de inseguridad y el temor de que la pareja establezca otras relaciones afectivas y sexuales.

La impotencia sexual es otro factor que puede desencadenar el delirio, especialmente en personas que abusan del alcohol.

La causa del delirio de celos puede ser un trastorno primario o bien uno secundario, como es el caso de los celos patológicos en el alcoholismo, una de las causas más comunes de celotipia. La incidencia del alcohol sobre el delirio de celos parece doble: por una parte, el abuso crónico de alcohol podría  desencadenar el delirio en personas predispuestas. Por otra parte, el consumo excesivo de alcohol provoca trastornos en el deseo sexual y en la función eréctil, lo que afecta al funcionamiento sexual del alcohólico y aumenta el temor y las ideas de que la pareja buscará otro hombre con mayor capacidad sexual. Además, es frecuente que la esposa de un alcohólico rechace el contacto sexual con éste, lo que es interpretado como señal inequívoca de que la mujer encuentra satisfacción con otros hombres y ya no precisa las atenciones sexuales del marido.

Otra sustancia que con frecuencia puede provocar celos característicos de síndrome de Otelo es la cocaína. Esta droga está asociada a la producción de ideas delirantes de tipo paranoide, y entre ellas están los celos patológicos.

 

Hoy, 14 de Febrero, día de los enamorados, quizás sea buen día para mirar al otro lado de la cama cuando nuestra pareja duerma y reflexionar sobre el amor y sus bondades, en regar la planta sobre la tierra fértil de la confianza, el amor y el deseo. Que así sea, felices 364 días que encuentran en el de hoy, su escaparate publicitario a modo de reconocimiento.

 

“Es la causa, es la causa, mi alma”

Othelo, acto V, escena II

Dice Othelo al entrar en la recámara de Desdémona a matarla y verla durmiendo

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